Encuentros Eleusinos

XXXIV Encuentro Eleusino en Eleusis: “Peregrinación a las fuentes”

PLAZAS LIMITADAS.
CONSULTEN DISPONIBILIDAD, POR FAVOR

 

Directores: Fernando Sánchez Dragó y Javier Sierra.

Los Encuentros Eleusinos peregrinan a las fuentes. Así ―“Peregrinación a las fuentes”― se titula el curso que del 23 al 27 de marzo de 2022 nos llevará por fin al enclave que da nombre a nuestros cursos: Eleusis.

Viajaremos a Grecia para revivir durante 5 días los misterios eleusinos en el Hotel Elefsina, a los pies del yacimiento del antiguo santuario de Eleusis, en la semana del equinoccio de primavera.

Visitaremos las ruinas del recinto sagrado donde se celebraban las ceremonias secretas más célebres de la antigua Grecia. Allí se representaba la tragedia de Deméter y de su hija Perséfone, raptada por Hades, el dios ctónico de los mundos subterráneos, que sumió la tierra en un páramo seco asolado por el invierno. Poco se sabe de lo que ocurría durante los Misterios Eleusinos, aparte de que tenían una raíz agraria, con ritos basados en el ciclo virtuoso de muerte y resurrección de la naturaleza. Una semilla debe morir y ser enterrada para que renazca de nuevo el germen de la vida, y de la misma forma que durante unos meses al año Perséfone regresa a los brazos de su madre para revivir y redimir al mundo en primavera, así debe asumir su muerte en vida el feligrés eleusino durante las noches oscuras de su iniciación para regresar a las fuentes de donde mana la sabiduría y la vida eterna.

Si estos Misterios se celebraban en Eleusis es porque, según narra el Himno homérico a Démeter, la diosa, durante el invierno que plagó el mundo, vagó sin rumbo hasta llegar a la ciudad gobernada por el rey Celeo. Transformada en una anciana, entró a servir en la corte como nodriza del príncipe, que había nacido tardío y enfermizo. Compadeciéndose del niño, la diosa en secreto lo alimentó con ambrosía con la intención de hacerlo inmortal, pero la reina, recelosa de las intenciones de la anciana, descubrió el secreto y provocó involuntariamente que la diosa huyera y que el príncipe no pudiera escapar a su destino mortal. Antes de desaparecer, Démeter se mostró en todo su esplendor divino y ordenó que se construyera un templo donde se le rindiera pleitesía.

Ese templo se conserva todavía en las ruinas de Eleusis. El desfile de los mystai (iniciados) en solemne procesión desde Atenas hasta Eleusis daba inicio a los Misterios. En el Telesterion o Sala de Iniciación tenía lugar una ceremonia secreta que desde la Antigüedad ha permanecido en secreto. Apenas han trascendido unos pocos detalles, testimonio de escritores cristianos que buscaban censurar las prácticas paganas.

Sabemos que los neófitos seguían un proceso de iniciación anual por etapas que comenzaba en el mes de Anthesterion (entre febrero y marzo) con los denominados Misterios Menores, ritos de purificación celebrados en Agrai en el arroyo de Ilissos, a las afueras de Atenas. Más adelante, entre septiembre y octubre (mes de Boedromion) tenían lugar en Eleusis los Misterios Mayores, que incluían un baño ritual en el mar, tres días de ayuno y, finalmente, el rito secreto en el edificio principal del santuario.

En algún momento, los sacerdotes suministraban a los iniciados una bebida llamada kykeon, que los sumía en un trance visionario. Algunas teorías apuntan a que podría tratarse de algún hongo con efectos enteogénicos, como el cornezuelo que parasita la planta del centeno. Una vez iniciado en los Misterios, el feligrés eleusino adquiría un conocimiento hermético que, como al príncipe de Eleusis amamantado por Démeter, le permitiría escapar de la muerte en el Más Allá.

El auge del cristianismo corrió paralelo al declive del santuario de Eleusis. Juliano, último emperador pagano de Roma, se inició en los misterios, pero su sucesor, Teodosio, clausuró el santuario en el contexto de la persecución que infligió a los paganos a finales del siglo IV. Finalmente, el santuario fue saqueado y destruido por cristianos arrianos bajo el mando del rey godo Alarico.

Y finalmente, visitaremos la Acrópolis de Atenas y su Museo Arqueológico antes del viaje de regreso.

 

Para escudriñar los secretos de los misterios eleusinos, en el XXXIV Encuentro Eleusino en Eleusis: “Peregrinación a las fuentes” (del 23 al 27 de marzo de 2022) contaremos con Fernando Sánchez Dragó y Javier Sierra, directores del Encuentro, a quienes acompañarán Luis Alberto de Cuenca, poeta, filólogo y traductor; David Hernández de la Fuente, escritor y Doctor en Filología Clásica e Historia Social de la Antigüedad; y Emma Nogueiro, periodista y escritora.

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PROGRAMA DEL ENCUENTRO:

XXXIV Encuentro Eleusino en Eleusis: “Peregrinación a las fuentes”.
Del 23 al 27 de marzo de 2022

Todos los horarios son provisionales.
El itinerario podría modificarse por razones logísticas o de fuerza mayor.

Miércoles 23:
     10:40h.: Salida de Madrid (Barajas T4). Vuelo: IB3150 Iberia Express (Maleta facturada incluida).
     15:15h.: Llegada al aeropuerto de Atenas y traslado a Eleusis.
     17:00h.: Llegada a Eleusis.
     18:30h.: Presentación del XXXIV Encuentro Eleusino en Eleusis, con Fernando Sánchez Dragó y Javier Sierra.
     20:00h.: Cena en el restaurante Rakoyn.

Jueves 24:
     08:30h.: Desayuno.
     09:30h.: Salida del hotel y visita guiada al yacimiento de Eleusis.
     13:30h.: Almuerzo en el restaurante Aposperitis.
     16:30h.: «Los misterios griegos entre religión, literatura y filosofía: una historia cultural», con David Hernández de la Fuente.
     18:30h.: «Eleusis y la necesidad de ser iniciado: el eterno camino entre la vida y la muerte», con Javier Sierra.
     20:30h.: Cena en el hotel.

Viernes 25:
     08:30h.: Desayuno.
     09:30h.: «Y viene Orfeo ‘¡Eurídice!’ gritando. Bajar a los infiernos como el Dante», con Fernando Sánchez Dragó.
     11:30h.: «Viajando he nacido con Dragó», con Emma Nogueiro.
     13:30h.: Almuerzo buffet en el hotel.
     16:30h.: «Ovidio. Los motivos ocultos de su destierro», con Luis Alberto de Cuenca.
     18:30h.: Coloquio de clausura del Encuentro: Fernando Sánchez Dragó, Javier Sierra, Luis Alberto de Cuenca, David Hernández de la
Fuente y Emma Nogueiro.
     20:30h.: Cena en el restaurante Kapaki.

Sábado 26:
     07:30h.: Desayuno.
     08:30h.: Salida del hotel y traslado de Eleusis a Atenas.
     09:00h.: Visita al Museo Arqueológico Nacional.
     13:00h.: Almuerzo en el restaurante Zorbas (barrio de Plaka).
     14:00h.: Visita guiada a la Acrópolis y al museo de la Acrópolis.
     17:00h.: Traslado de Atenas a Eleusis.
     20:30h.: Cena en el hotel.

Domingo 27:
     06:00h.: Salida del hotel y traslado al aeropuerto Atenas Venizelos (se entregarán paquetes con el desayuno).
     08:55h.: Salida de Atenas. Vuelo: A3700 Aegean Airlines.
     11:45h.: Llegada a Madrid (Barajas T2).

 
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SERÁ OBLIGATORIO EL USO DE MASCARILLAS

La matrícula completa del XXXIV Encuentro Eleusino en Eleusis incluye los vuelos, el transporte, el alojamiento con pensión completa y la asistencia a todas las actividades durante los cinco días del curso, según figura en el programa. La organización del viaje correrá a cargo de Arán Viajes.

Para matricularse en el XXXIV Encuentro Eleusino en Eleusis, solicítennos información a la dirección de correo electrónico: eleusis@sanchezdrago.com o a los teléfonos 649 600 372 (Clara) / 687 284 331 (Javier). También atendemos a mensajes por WhatsApp.

 

PONENTES

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FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

Licenciado en Filología Románica y Lenguas Modernas, ha ejercido la docencia universitaria en España y fuera de sus fronteras. Colaboró con la NHK japonesa y la RAI italiana, y desde que en 1977 comenzara su andadura televisiva con el espacio literario «Encuentros con las letras», ha dirigido y presentado programas de televisión durante 40 años. Su última aventura televisiva hasta la fecha ha sido el programa de divulgación literaria «Libros con uasabi», que presentó y dirigió durante 3 temporadas en TVE. Fundador y director del suplemento literario «Disidencias» de Diario 16 en 1980, durante la pandemia del coronavirus fundó y dirigió el semanario online La Retaguardia. Es columnista en el diario La Razón, en La Gaceta, en Posmodernia y en el canal online Estado de Alarma TV. Como escritor, ha cultivado el ensayo y la novela. Entre sus obras destacan Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España (1978), Las fuentes del Nilo (1986), El camino del corazón (finalista del Premio Planeta de 1990), La prueba del laberinto (Premio Planeta 1992), La del alba sería (1996), Historia mágica del Camino de Santiago (1999), Carta de Jesús al Papa (2000), Y si habla mal de España… es español (2008), Soseki. Inmortal y tigre (2009), Esos días azules. Memorias de un niño raro (2011), Shangri-La: El elixir de la eterna juventud (2016) y Galgo corredor. Los años guerreros (1953-1964) (2020). Ha recibido galardones como el Nacional de Ensayo, el Ondas, el Nacional de Fomento a la Lectura, el Premio Espiritualidad Martínez Roca con El sendero de la mano izquierda (2002) y el Fernando Lara, con Muertes paralelas (2006). Sus últimos libros son Habáname (Harkonnen, 2021) y la reedición de su primera novela Eldorado (Berenice, 2021).
 

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JAVIER SIERRA

Nacido en Teruel (1971), Javier Sierra es el único autor español contemporáneo que ha logrado situar sus novelas en el top ten de los libros más vendidos en los Estados Unidos. Sus obras se traducen a más de cuarenta idiomas y son fuente de inspiración para muchos lectores que buscan algo más que entretenimiento en un relato de intriga. Formado en el mundo del periodismo –fue director de la revista Más Allá de la Ciencia durante siete años, además de presentador y director de espacios en radio y televisión en España-, ahora invierte su tiempo en investigar arcanos de la Historia y escribir sobre ellos. Ha dado a imprenta títulos muy populares, entre los que destacan La cena secreta (publicado en 43 países), La dama azul (editado en otros 20), La ruta prohibida, Las puertas templarias, El secreto egipcio de Napoleón o El ángel perdido. En su haber se cuentan varios galardones literarios, como su finalista al Premio de Novela Ciudad de Torrevieja por La cena secreta, o internacionales, como sus tres Latino Book Awards –otorgados a la Mejor Novela Histórica del año 2007 publicada en inglés en EE.UU. por La dama azul, y a la Mejor Novela de Aventuras de 2011 en inglés y español por El ángel perdido-. También ha recibido honores como el que en 2009 le distinguió como Hijo Adoptivo de Ágreda (Soria) por la difusión internacional dada a la vida de sor María de Jesús de Ágreda, una monja de clausura del siglo XVII a la que se atribuyó la conversión de miles de nativos americanos de Nuevo México, Arizona y Texas gracias al don místico de la bilocación. Su novela El fuego invisible fue galardonada con el Premio Planeta 2018. En la actualidad, dirige y presenta la serie documental Otros mundos (Movistar+). Su última obra es El mensaje de Pandora (Planeta, 2020).
 

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LUIS ALBERTO DE CUENCA

Poeta, filólogo y traductor, Luis Alberto de Cuenca es Licenciado en Filología Clásica por la Universidad Autónoma de Madrid y Doctor con premio extraordinario en 1976. Es profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). De 1992 a 1993, dirige el Instituto de Filología del CSIC y, de 1995 a 1996, su Departamento de Publicaciones. Entre 1996 y 2000 dirige la Biblioteca Nacional y de 2000 a 2004 es secretario de Estado de Cultura. Publica libros de poe­sía como Los retratos (1971), Elsinore (1972), Scholia (1978), Necrofilia (1983), La caja de plata (Premio de la Crítica, 1985), El otro sueño (1987), El hacha y la rosa (1993), Por fuertes y fronteras (1996), Sin miedo ni esperanza (2002), Ahora y siempre (2004) y Diez poemas y cinco prosas (2004). Ha ­reunido sus ensayos en libros como El héroe y sus máscaras (1991), Bazar (1995) y Álbum de lecturas (1996). Tra­ductor de lenguas clásicas y modernas, en 1987 obtiene el Premio Nacional de Traducción por su versión del Cantar de Valtario. Ha publicado numerosos artículos de investigación y crítica en revistas como Emérita, Estudios Clásicos, Nueva Revista, Cuadernos Hispanoamericanos e Ínsula, entre otros. Es colaborador asiduo del diario ABC y en 1999 recibe el Premio de Periodismo El Correo.
 

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DAVID HERNÁNDEZ DE LA FUENTE

David Hernández de la Fuente es escritor y profesor universitario. Doctor en Filología Clásica e Historia Social de la Antigüedad, ha sido investigador y docente en las universidades Carlos III de Madrid, Potsdam y UNED, y lo es actualmente en el Departamento de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de más de una veintena de libros, entre los cuales destacan Oráculos griegos (2008), Vidas de Pitágoras (2011), Mitología clásica (2015) o El despertar del alma: Dioniso y Ariadna, mito y misterio (2017), y de un centenar de artículos de su especialidad. Ha recibido diversas distinciones internacionales a su trayectoria de investigación, como el Burgen Scholarship Award (2014). Además, como escritor, es autor de cuatro libros de narrativa y ha recibido premios como el de Narrativa Joven de la Comunidad de Madrid (2005) por su libro Las puertas del sueño y el “Valencia” de narrativa de la Institució Alfons el Magnànim (2011) por su novela A cubierto. Su último libro es El hilo de oro. Los clásicos en el laberinto de hoy (Ariel, 2021).
 

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EMMA NOGUEIRO

Periodista, escritora, lectora, inquieta y devoradora de cultura, Emma Nogueiro es Graduada en Periodismo, Máster en Patrimonio Audiovisual, Gestión, Recuperación e Historia y Doctoranda en la Facultad de Letras. A lo largo de su carrera como periodista ha pasado por diferentes medios de comunicación, como El Economista, La Razón, Revista El Duende, Radio Televisión Española (RTVE), Europa Press, Agencia EFE, Radio Nacional (RNE), Vozpópuli y El Confidencial son algunos ejemplos. También ha sido responsable de campañas de comunicación internas para varias empresas privadas como Adgravity, Banco Santander y Fundación Canal.

 
 
 
 

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De regreso a Eleusis
Javier Sierra, OCULTURA, 62, Año Cero 379, febrero de 2022

Acabo de juramentarme con tres caballeros para acabar con uno de los grandes enemigos de nuestro tiempo. Vive en la región de Ática, no muy lejos de Atenas, y regenta una pensión entre la Acrópolis y el antiguo santuario de Eleusis. Los rumores sobre lo que ocurre en su establecimiento son terribles. Procusto -o “el estirador”, pues así llaman el posadero en cuestión- recibe con sonrisa falsa a sus clientes y los invita a descansar en una cama de hierro que ya es legendaria. Lo que dicen de él -y que mis amigos y yo damos por cierto- es que una vez dormidos, Procusto mide cuidadosamente a sus huéspedes, y aquellos que exceden las medidas del lecho son serrados por las piernas hasta que encajan en sus dimensiones. La atrocidad no queda ahí. También los que no llegan a ocuparla por completo son descoyuntados para que sus miembros se ajusten a su longitud. Procusto es, pues, un psicópata de la uniformidad.

Los tres caballeros con los que me he confabulado para darle su merecido son tres espadas de nuestras letras: Fernando Sánchez Dragó, Luis Alberto de Cuenca, David Hernández de la Fuente y Emma Nogueiro. A finales del mes que viene, coincidiendo con la entrada de la primavera y la celebración de los llamados “ritos menores” eleusinos, viajaremos hasta Grecia para combatirlo. Procusto -citado una y otra vez en los viejos mitos helenos- encarna a la perfección el tiempo que vivimos: uno que no tolera la diferencia, la disensión, y que desespera por ubicarnos a todos dentro de un mismo molde. Sus hijos ocupan hoy puestos relevantes en la política, la vida social e incluso entre la comunidad científica. Están por todas partes, cometiendo crímenes en aras de un pensamiento único que imponen con dolor y sin discernimiento.

Según el mito, fue Teseo -el mismo que más tarde daría muerte al Minotauro- el que consiguió que Procusto se acostara en su propia cama y se durmiera. Y aunque allí el héroe lo decapitó, es evidente que su macabra costumbre aún pervive. Por eso mis amigos y yo vamos a buscarlo. Sospechamos que sigue muy vivo. Y estamos seguros de que le daremos caza en el marco de uno de los “Encuentros Eleusinos” que desde 2013 viene organizando Sánchez Dragó entorno a los más diversos temas y en lugares como El Escorial, Salamanca, Kampot en Camboya o Chaouen en Marruecos, y que los próximos días 23 al 27 de marzo se celebrará, ¡por fin!, por primera vez en la ciudad griega que les da su nombre: Eleusis.

La nuestra no es una meta cualquiera. Fuera de los circuitos turísticos al uso, todavía se conservan los cimientos del recinto sagrado en el que se celebraban los llamados “misterios de Eleusis”. Eran estos ceremonias secretas en las que se recordaba a los neófitos el drama de Deméter y Perséfone, garantizándoles una experiencia inefable de contacto con lo sobrenatural. El ejercicio orbitaba en torno a un relato que todos conocían. Madre e hija habían sido separadas cuando Hades, el dios ctónico de los mundos subterráneos, secuestró a esta última y la dejó encinta. Deméter emprendió entonces su búsqueda, esterilizando y secando la tierra por la que pasaba. Dice el mito que la muerte que fue dejando se hizo tan insoportable a ojos de los dioses que Zeus intervino logrando que Hades aceptara retener a Perséfone solo unos meses al año. Los del invierno.

Tras el mito se esconde una evidente metáfora agraria. Perséfone se comporta como las semillas que deben ser enterradas antes de fertilizar. Cuando Deméter la rescató, quiso bendecir a Eleusis inspirando un santuario a la vida que estuvo operativo durante casi dos milenios. Allí, donde simbólicamente nació la agricultura -madre, dicho sea de paso, de toda cultura y ocultura-, es donde me encontraré con quien desee acompañarnos para ajusticiar a los “Procustos” y ser testigos de cómo Deméter y Perséfone siguen cumpliendo con la sagrada misión de seguir fecundando la tierra con disidentes. Con seres únicos imposibles de aserrar. Un objetivo, en definitiva, más que oportuno en esta etapa final de la pandemia que atravesamos.

Eso sí, prometo que vigilaremos de cerca para que nadie ose hospedarnos en cama de hierro.
 
 
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La religión como alucine
Javier Sierra, La Razón, 21 febrero 2022

Fue hace casi tres décadas cuando visité por primera vez Perú. Poco antes de la primavera de 1994, esquivando como pude la temporada de lluvias, recorrí junto a tres amigos una buena parte del país andino. Las comunicaciones eran entonces muy difíciles. Sendero Luminoso aterrorizaba las zonas rurales y moverse por ellas obligaba a asumir ciertos riesgos. Había que viajar en autobuses que, en realidad, eran camiones adaptados, incómodos y lentos, en los que lo normal era pasar un día o una noche conviviendo con pollos enjaulados o hatillos llenos de Dios sabe qué, recorriendo caminos de mala muerte a los que llamaban carreteras.

Uno de aquellos vehículos del diablo nos dejó al alba en Chavín de Huantar, en la provincia del Huari. Hacía tres mil años –se dice pronto– una cultura pujante y extraña levantó el templo que pretendíamos ver. Estaba emplazado en un pequeño valle rodeado de cerros. De él llegaban noticias asombrosas, como que los arqueólogos acababan de desenterrar un sistema hidráulico bajo su plaza central en el que, generosamente regado, se podía escuchar un murmullo parecido al rugido de un jaguar. Yo quería ver aquel olvidado «efecto especial» y no perdí ni un minuto.

Mi amigo Vicente París sabía a quién recurrir. Un viejo vecino, Marino González, llevaba toda la vida merodeando por allí y había visto incluso desaparecer el templo bajo el lodo durante el «gran aluvión» de 1945. Cubierto de aquel barro, Chavín seguía excavándose según sus recuerdos. Don Marino resultó ser un tipo bajito, de ojos entrecerrados pero vigilantes, que enseguida nos invitó a recorrer sus galerías secretas. «¿Llevan linterna?», nos preguntó malicioso, mirando un pasadizo oscuro como noche sin luna. El lugar era un laberinto de pasillos que apenas clareaba gracias a las pequeñas oquedades que lo comunicaban con el exterior. Era un agujero húmedo, de suelo irregular, vigilado por cabezas de piedra clavadas en las paredes talladas hacia el siglo X antes de Cristo.

Mientras nos deslizábamos por aquel inframundo, interrogábamos a don Marino. El hombre, que hablaba con acento acelerado, nos explicó que «su» recinto era una suerte de circuito de pruebas. La cultura que lo construyó lo había abandonado mucho antes de la llegada de Pizarro, y pueblos sucesivos habían ido deformándolo… a excepción de esos túneles. Un camino por el que sus antepasados se internaban tras ingerir un bebedizo alucinógeno destilado a partir del cáctus mescalítico de San Pedro, típico de la región, que les hacía comunicarse con aquellas cabezas y hasta vislumbrar el reino de los muertos.

Yo entonces era muy joven y no había explorado otros rincones del mundo con escenografías parecidas. Túneles que probablemente se usaron con propósitos idénticos los hallé en Egipto y México. Pero donde no esperaba encontrármelos fue en Grecia. Hace unos meses visité lo poco queda del gran santuario de Eleusis, en el Peloponeso. Sus arquitectos pergeñaron unas instalaciones que no debían de diferenciarse demasiado de Chavín, a más de 11.000 kilómetros de distancia. En sus ruinas todavía son visibles los cimientos del Telesterion. Era una sala secreta cuyas actividades no podían explicarse bajo pena de muerte. Durante más de un milenio, cada mes de marzo y de septiembre, concurridas procesiones de toda condición peregrinaban hasta allí para iniciarse en sus «misterios». Así los llamaban. Sorprende comprobar cómo la copiosa literatura clásica que se conserva de ese periodo evita pronunciarse sobre lo que sucedía allí. Solo sabemos que celebraban el mito de Deméter y Perséfone, en el que ésta es secuestrada por Hades mientras recoge unas flores y arrastrada al corazón de la tierra, de donde será rescatada más tarde por su madre.

Cruzar los muros del templo y dirigirse al Telesterion era lo último de lo que podía hablarse. Allá dentro, en una estructura de pasillos parecidos a los de Chavín, los griegos buscaban el epoptes, una suerte de «visión» del más allá. Y lo conseguían después de ingerir el kykeon, un bebedizo cuya fórmula, naturalmente, sigue siendo un enigma.

En 1978 el descubridor del LSD, Albert Hoffmann, se alió con un doctor de la Universidad de Harvard experto en drogas enteógenas y con un banquero aficionado a la micología para intentar explicar qué sucedía allí y por qué generaciones enteras de antiguos helenos habían acudido en masa a sus ceremonias. Carl Ruck y R. Gordon Wasson lo ayudaron a comprender que la clave estaba en la claviceps purpurea, un hongo tan alucinógeno como el San Pedro, muy común en el trigo y la cebada. Los tres se dieron cuenta, además, de que junto al santuario de Eleusis se extendía una llanura, la Rariana, sembrada con esos cereales, y que incluso en la etimología de ciertos nombres y plantas asociados a los misterios eleusinos se escondían alucinógenos. Micenas, por ejemplo, cuna de la cultura helénica y de los ritos de Deméter, procedía de Mykenai o Mykes, hongo. Y las flores de Perséfone, narcisos o Narkissos, llevaban en el nombre la misma raíz de narcótico.

Sin quererlo, establecieron algo que solo algunos «locos» como Antonio Escohotado defenderían después en el mundo académico: que toda religión primordial busca que el fiel alucine. Que se conecte con lo sagrado usando substancias que favorezcan «la visión». Y ojo, nuestro cristianismo tampoco es una excepción. ¿O acaso no tenemos también trigo y vino como parte esencial de nuestras misas? ¿No serán esos elementos el eco de unos ritos ancestrales ya perdidos y edulcorados?

Pronto regresaré a Eleusis para comprobarlo. La duda me quema.

 

 

¡Esperamos veros en Eleusis!

Javier Redondo Jordán
Tfnos.: 649 600 372 (Clara) / 687 284 331 (También atendemos a WhatsApp)
eleusis@sanchezdrago.com
www.encuentroseleusinos.com
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