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aceite Santa Teresa 1881ACEITUNEROS ALTIVOS («El lobo feroz», El Mundo, 17 junio 2013)

Parece ser que los chinos van a bajarles los humos. De momento, como la hierba en el tango, ya les siegan los árboles bajo los pies. En el Infernal (antes Celeste) Imperio habrá dentro de unos años más olivos que en todo Jaén. De esa región sale el veinte por ciento de la producción mundial. Los chinos nos han engañado como si fuésemos chinos. Éstos llevan la fama mientras nosotros cardamos la lana, y ese hilar de copo de vieja no es de ahora, pues casi todo el aceite ibérico de exportación llega al mercado con etiqueta italiana. Pero dejemos eso, porque los italianos, a fin de cuentas (las que no salen), son nuestros primos, aunque para primos, nosotros, y volvamos a los embalsamadores y súbditos de la momia del Gran Timonel. Los andaluces altivos de Miguel Hernández y de Serrat pasearon a esos huéspedes altaneros y astutos por sus olivares y los enseñaron a varear la aceituna, a recogerla, a molerla, a catarla y a apreciarla. Hay cortesías que se vuelven contra el anfitrión. ¿Viento del pueblo? ¡Ja! Ya decía Lenin que los capitalistas, de puro idiotas, venderían a los comunistas –en China lo son… ¿Se nos ha olvidado?– la soga con la que los ahorcarán. Este asunto me duele. Fui pregonero del aceite de oliva en Osuna, hay un olivo plantado por mí, junto a otro de Vargas Llosa, en el jardincillo de la Colegiata de esa ciudad y olivo es el único árbol existente en el corral de mi casa de Castilfrío. La inclemencia del clima no puede con él. Es tan duro como lo fue Numancia. A sus pies está enterrado Soseki. Cuando viajo, llevo siempre en la maleta botellines de 1881. El olivo es el árbol de la paz, el árbol que anunció el fin del Diluvio, el árbol de Grecia y Roma, el árbol del paganismo, de las Tres Culturas y del Mare Nostrum, que pronto será de los chinos… Todo un símbolo –más que un símbolo– expropiado ahora por los antiguos coolies que no caracolean al otro lado del Rhin, sino del Yantsekiang. Quisieron producir jamón de bellota. El tiro les salió por la culata. Quisieron criar toros de lidia. No sé en qué habrá quedado eso. ¿Se llevarán la Maestranza? A los atunes de Barbate ya se los llevan otras gentes de tez amarilla y ojos rasgados. Es la globalización. Yo prefiero la autarquía. Nos quedan dos padrenuestros de Mao. Decidme en el alma: ¿de quién son nuestros olivos? Perdón. Salgo un momento. Voy a comprar una botella de aceite en el chino de la esquina. Será falso, pero ya no importa.

Fernando Sánchez Dragó

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